NO SÉ SI FUE EL WHISKY ( II )

 

Las chicas eran una delicia ,hermosas y suaves , en sus ingenuas caras llevaban un letrero luminoso que decía... cómeme  ,cómeme, o al menos eso me pareció a mí  , ya que no probaba bocado desde hacía unos cuantos meses,, Halim creo que andaba bien servido, yo como no hablaba ni gota de ingles intentaba ser todo lo amable y simpático que podía, incluso creo que en exceso ,pero la situación requería de todas mis dotes diplomáticas , desde luego las chicas no paraban de reír, todo iba bien, una vez dentro de la hayma ,Halim, preparó una chicha  ,conocida vulgarmente como arguila (una pipa árabe ) yo pensaba que la estaba haciendo de tabaco de frutas ,que es con lo que se suelen hacer generalmente  ,pero no ,la estaba haciendo con una yerba muy conocida ,su aroma  me era inconfundible y muy, muy excitante ,¡qué bien olía! Me recordaba a aquellos días cuando fui legionario, y que en medio del desierto del Sahara cuando la tarde moría, después de un duro día de caminatas entre dunas y rayos de un sol implacables, andaba persiguiendo a no sé bien que enemigos, nos sentábamos unos cuantos amigos a fumar algún cigarrillo de la planta nativa.

 

Entre risas y risas, entre sorbo y sorbo del chiva 21, aquello fue subiendo de tono, los pormenores me los ahorro para no herir sensibilidades, aquello acabó como Sodoma y Gomorra, una orgia en toda regla, ¡Dios que pecados!  las Tailandesas aparte de hablar el Ingles perfectamente, hablaban francés  ,Italiano y creo que cualquier idioma y dialecto existente ,al final de la jornada , acabamos exhaustos , para reponer fuerzas  el buen Halim preparó un te moruno, que fue el remate  del Olimpo ,que buen tipo ,por supuesto de las petacas de Chivas, no quedaban ni los tapones ,después las destruimos, para no dejar huellas de nuestro  pecaminoso delito ,por si acaso aparecían por allí los guardianes de Ala, vete tú a saber ,nunca se está a salvo del todo en  casi ningún sitio.

 

A los seis meses se acabó mi contrato en Arabia Saudita, mi amigo Mariano y yo volvimos a Barcelona, después de haber terminado nuestro trabajo en el majestuoso y extravagante palacio del jeque Muhammad Tamin, volvía con  un sabor agridulce, puesto que allí dejé a mi buen amigo Halim, y a esas dos magnificas vendedoras Tailandesas, doy por sentado que eran las dos vendedoras que vendían mas electrodomésticos en toda la capital, Riad. 

 

 

D.SILES